A DOS MANOS: ART POVERA VERSUS ART BRUT
Richard Planas Camps
Director Revista Bonart
Martí Rom y Matt Lamb o Matt Lamb y Martí Rom son dos artistas en un mundo glocalizado, de dos lados opuestos del Atlántico, que se mueven en el difícil entorno del arte y que a la vez, son amigos. Han pintado obras juntos y han construido también al unísono piezas de tres dimensiones. El resultado es una explosión de cordura y vehemencia, en intensas dosis. Son dos autores que encarnan el espíritu del art brut, el arte negro, el arte primitivo, que mira hacia atrás para descubrir como salir del fondo de la caverna y ver la luz en el siglo XXI, que puede ser metálica o de cera, pero al fin y al cabo luz.
MATT LAMB-MANO EXPRESIONISTA Expresionista de casta, se inició en la pintura tardíamente en la praxis-como también lo hizo la de Henry Rousseau- pero ya la llevaba palpitando en las neuronas de su conciencia cotidiana. El desasosiego, este motor imposible de parar en las personas inquietas, acercó a Lamb a la realidad de la extraña lógica de la pintura. El expresionismo fue y es su estandarte, como Rousseau, comparte una frescura que no tiene ningún académico, una libertad frenética, brutal, cautivadora y perdida algunas veces por la falta de cánones. Estos los ha ido fabricando a base de trabajo. Los resultados son delirantes, desbordantes. Como Martí Rom, los une una atracción visceral por la tierra, las entrañas, el hombre, el primitivismo que hace del hombre que aún no haya superado al hombre; ¿o es precisamente esto lo que lo hace más humano?. Por la pintura esta particularidad enriquece, dota de matices la compleja vida de las telas y los diversos soportes que experimenta este autor. El arte de los enfermos mentales o de las criaturas, que tanto inspiraron las vanguardias, no lo dejan indiferente y también los toma y los filtra. Colores puros, como en Miró, en el Pop Art o las imprentas. Grafismos con materias, texturas, gestos. Todo conformando edificios para investigar o empaparse. Artefactos que no dejan indiferente y que pueden parecer pasados de moda, pero es que las esencias no desaparecen nunca.
MARTÍ ROM-MANO COLLAGE Iniciado en el mundo conceptual, con instalaciones y happenings de herencia dadaísta, ha ido combinando estas experimentaciones con la pintura y, básicamente, con la escultura. Sus creaciones tienen una particularidad: el collage. Martí Rom siempre va a la búsqueda del objeto encontrado: el azar como motor creativo. Cuando lo ha encontrado o el objeto a él, se trata de redefinirlo dentro de su corpus creativo o, al menos, ensamblarlo de manera que, ni el discurso de Martí Rom ni el del “genial” objeto recuperado, pierdan la esencia. El resultado, una compenetración ingeniosa en la mayoría de casos. Así mismo, detrás y delante de las piezas de Martí Rom, se intuye la herencia de un ilustre constructor de formas y acoplamientos del siglo XX: Torres García, una personalidad que rompió y rompe esquemas de la realidad. La herencia, si quisiéramos, la tendríamos también que ir a buscar en los cubistas y su caleidoscópica visión de la existencia artística o, como no, en el africanismo, la herencia primigenia de la historia de la humanidad. Martí Rom, o lo que es lo mismo: escultura y volumen al servicio del “reciclaje”, de hallazgos que aceleran el arte. Arte con los pies en el suelo, de maderas y hierros, telúrico y siempre persuasivo
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