ENCUENTRO DE EXPERIENCIAS

 

Martí Català y el nuevo arte  de la fotografía

con Lamb y Martí Rom como motivos.

Josep M. Cadena

A pesar de sus raíces griegas y latinas, el verbo fotografiar y las palabras que de el se derivan son expresiones muy nuevas dentro de la sociedad humana.  Ni tan siquiera vienen de cuando en el año 1822 Joseph-Nicephore Niecep consiguió la primera representación estable con el sistema heliográfico,  ya que dada su asociación con “Daguerre” para perfeccionar el invento, las primeras formas empleadas para hablar de resultados obtenidos fueron los “Daguerrotipos” y otras relativas a los nombres de sus promotores.  Pero, superadas las primeras experiencias y comprobada la aceptación masiva de aquella nueva forma de captar y explicar la realidad objetiva, pronto en Francia e Inglaterra se impusieron los neologismos derivados de la unión de “foto” (luz) y “grafos” (dibujo perfecto, magistral) con inmediato traslado a todas las lenguas cultas.

 Pero que se hablara con naturalidad de fotografiar y de fotografías y en todas las naciones europeas y los Estados Unidos de América fue un fenómeno común que se extendió entre miles de ciudadanos, de querer poseer máquinas de retratar o, al menos, disponer de retratos familiares relacionados con bodas, nacimientos y bautizos, de ninguna manera quiere decir que se implantara de golpe una nueva manera de informar o de hacer arte.  Se colocaron, eso sí, unos sólidos cimientos, reforzados poco después con el cine y con los progresos de la cultura de la imagen que tendrían que seguir y que continúan avanzando, pero con sentido subsidiario de artes bien consolidadas como son la pintura y la escultura.  Los apasionados de la fotografía, obligados a explorar las nuevas posibilidades técnicas de unas herramientas que desarrollaron experiencias que ya Leonardo da Vinci había hecho con la cámara oscura pero que evolucionaban muy deprisa y necesitaban de un lento proceso de laboratorio para dar resultados tangibles, no podían de ninguna manera innovar en los conceptos estéticos.  Pero, gracias  a la tenacidad de los fotoperiodistas que superaron las instantáneas estáticas y consiguieron fijar el dinamismo de las acciones humanas, también los fotógrafos que siguieron la estética de los cuadros y de las estatuas,  avanzaron en la realización de sus obras como fruto de un nuevo arte y comparable con los ya establecidos.

 Las precedentes consideraciones vienen al caso de la obra de Martí Català que ahora se expone.  Continuador de una familia de grandes fotógrafos catalanes –su abuelo, Pere Català i Pic, y su padre, Francesc Català-Roca- siempre ha entendido la fotografía como la plasmación de la realidad exterior observada y orientada de una manera trascendente por el artista que lleva dentro.

 Un encuentro en Chicago con el pintor norteamericano Matt Lamb y con el escultor catalán Francesc Martí Rom le permitió a Martí Català seguir las formas de los trabajar de los dos artistas y expresar a partir de ellos su propia manera de entender la comunicación plástica.  Esencialmente la muestra es de fotografías,  pero con Lamb y Martí Rom, participan –cada uno de ellos con dos obras y una obra conjunta- es factible decir que se ha encontrado como  una tridimensionalidad que va más allá del testimonio plástico de cada autor.  El conjunto es el resultado de la integración de las partes y funciona por si mismo, de una manera autónoma, que en este caso pone de relieve el salto cualitativo de la fotografía.

 Matt Lamb (Chicago, Illinois, 1932) es un pintor expresionista y visceral, volcado en la representación del espíritu que encuentra en todas las manifestaciones de la vida.  Refinado y culto como persona que ha viajado y expuesto por todo el mundo en importantes salas de arte y notables museos, cuando pinta manifiesta sus sentimientos con fuerza primigenia   El calificativo que más le aplican es el de “salvaje”, pero con el noble sentido de que libera las potencias humanas de la misma manera que lo hacen el sol y las estrellas en medio de la

inmensidad del Cosmos, o como crecen los árboles y plantas en medio de la selva amazónica.  Persona ardiente y con espiritualidad de signo católico,  manifiesta con la fuerza de sus colores y con la fluidez de las figuras que ve en la atmósfera como manifestación del  aliento divino, la voluntad de perfeccionamiento humano.

Martí Rom (Barcelona, 1955) vinculado por razones familiares a Mont-roig, conoció a Lamb con motivo de una visita que aquel realizó a dicha población de Tarragona para seguir las primeras huellas artísticas de Joan Miró.  Congeniaron y el pintor ofreció al escultor exponer juntos en diversas galerías europeas y norteamericanas con las que habitualmente trabaja.  Y aunque la obra de Martí Rom parte de la realidad tangible y de las formas establecidas, su manera de utilizar los materiales encontrados y el sentido que tiene de recrear con fragmentos el cuerpo humano y los objetos que más representan a las personas, hizo que se estableciera la conexión de criterios.

Y de la relación entre Lamb y Martí Rom llega el encuentro profesional y amistoso con Martí Català Pedersen (Barcelona, 1961), del que ha surgido la presente exposición.  Esta es como ya he expresado y ahora reitero, el fruto maduro de la fotografía por ella misma, como expresión independiente del arte de su autor.  De esta manera se consigue que el espíritu que encuentra Lamb en el espacio y en el interior de los seres humanos, así como la búsqueda escultórica que Martí Rom hace de la realidad formal, tenga una nueva dimensión en las fotografías de Martí Català.